Dios tiene un designio para la manera en que debemos tratar a nuestras familias, desempeñar nuestro trabajo e interactuar con amigos y desconocidos: el plan es perfecto. El desafío radica en que existe algo dentro de las personas que nos impulsa a apartarnos del designio de Dios. La Biblia ha calificado esa desviación del designio divino como "pecado". El pecado conduce a un mundo de consecuencias.
El sentimiento de quebrantamiento es el resultado de nuestras malas decisiones, o incluso de las decisiones de otros que nos afectan negativamente. Este estado se manifiesta en relaciones arruinadas, adicciones, inquietud, temor y una multitud de otras circunstancias y estados de ser negativos. Nuestro quebrantamiento nos lleva a buscar el cambio en muchas direcciones diferentes. La palabra que emplea la Biblia para referirse al cambio es "arrepentirse". Deseamos cambiar y arrepentirnos, pero nos damos cuenta de que, por nuestra cuenta, no podemos lograr gran cosa. La buena noticia es que Dios tiene un plan para solucionar el problema del quebrantamiento; se llama el "Evangelio".
La muerte y la resurrección de Jesús abren el camino por el cual podemos regresar al designio de Dios. El camino hacia la restauración y la redención es este: arrepentirse y creer. Cuando damos el paso de apartarnos de nuestros pecados (arrepentimiento) y volvernos hacia Jesús (fe), Dios nos restaura. Entonces somos capaces de recuperarnos y seguir a Cristo, lo cual nos devuelve al designio de Dios para nuestras vidas: propósito, perdón, comunidad, esperanza y gozo.
